By: Fredy Yanarico-Apaza.
La
vida no es un error, no es una excusa vivir; la vida no es una queja y por qué
ocurre ese malestar, tal vez, nos hayamos alejado de la lectura inicial de la
misma.
Está
en lo simple de la vida las cosas más grandes de nuestra existencia. Pero en
qué momento el ser humano deja de percibir la belleza de la vida y lo confunde
con un infierno, y se queda conforme esperando un paraíso. Hay canciones que
dicen que el Edén es Latinoamérica, es cierto, como también lo son las otras
latitudes, simple. Bien dice la frase:
para ser grande ha de ser humilde, simple. Otra vez, ¿pero? pero el ser humano
vive de complejos, traiciones, disgustos, prejuicios negativos, rencores, odios,
presiones, etc.; complicaciones como un laberinto sin salida, acaso es más
fácil odiar que amar, la respuesta la tiene cada uno; acaso en la venganza se
encuentra la paz que buscamos, no, cierto. Gandhi diría: ojo por ojo y el mundo
quedará ciego (algo racional). Y cómo
alcanzamos esa humildad, que es la grandeza misma, pues cada vez más nos alejan
y nos alejamos de la cualidad de ser humano; nos embrutecen y enajenan en un
mundo acelerado y sin tiempo, por medio de la TV, música, lecturas concordes a
mantener el status quo. Se debe de ser más inteligentes y actuar, la existencia
se trata de las acciones del hombre, de las buenas acciones; a ver como sigue.
Nos
centraremos en dos aspectos: la felicidad y el amor. Una es distinta de la
otra, a la vez, guardan relación como todo en la vida.
Soy
el tipo más imperfecto, lo somos, con cualidades, virtudes, defectos y más
defectos. Es cierto, no obstante, con vocación de hacer las cosas correctas, y
cuáles son las cosas correctas, –se preguntarán– sigue lo que dice tu mente y
tu corazón, pues también somos perfectibles. Dentro de ello la felicidad y como
la concibas, simple, la felicidad se llama nosotros, es uno mismo. Una persona
no deja de ser feliz, lo es.
Muchos
piensan que la felicidad radica en las cosas materiales, una mansión, colección
de autos, un buen trabajo, etc. Existe un principio; la felicidad empieza en el
gusto de hacer las cosas, entonces tener un gusto por vivir y hacer de ella un
paraíso, de ahí que uno se sienta bien en su trabajo. La mayoría considera que
la autorrealización es alcanzar un status socio-económico elevado. Contrapuesto
a esta percepción se presenta la plenitud humana; el equilibrio espiritual con
uno y con los demás, pues se trata de esencia y no de apariencia, la plenitud
es la integridad alcanzada, no por ansiedad o ambición, es lograda gracias a
las buenas acciones humanas, ya que, para ayudar, ser solidario, respetuoso,
cortés, etc. son acciones sin discusión, automatismos libres de ideologías,
religiones, condiciones socio-económicas. El equilibrio de una buena actitud y
constancia, eso sí, logrado gracias al proceso por la calidad de educación.
Decía,
la felicidad no está en la riqueza, en un smartphone, en la moda europea, en la pareja o en los seres queridos, no está
en ninguna cosa material. Que, si estás con tus padres o no lo estás, es una
condición y una costumbre; por ejemplo, perder a un ser querido es
inexplicable, por ser una costumbre, pero no dejas de ser feliz, ya que la
felicidad lleva tu nombre y no la de otra persona. O perder a tu pareja, si nada
perdiste, pues nunca la tuviste, no es una propiedad privada, en la acepción capitalista;
eso es lo q nos hacen creer, que todo nos pertenece, al final ni la vida es de
nuestra propiedad, se acaba, termina. Entonces, una cosa son las circunstancias
y otra la felicidad. Y por las circunstancias uno no dejará de ser feliz.
Cuando
uno se encuentra fuera de la cobertura de cualquier señal tecnológica, al
inicio suele extrañarla, sobre todo las generaciones post modernas, sin
embargo, todos los aditamentos someten a la humanidad en un embrutecimiento
atroz, es decir, somos cada día más una adición a un aparato que nos ayuda a
ordenar nuestros días sin tomar el control de ella. Obvio, después transcurren
los días, por ejemplo, la vida en el campo, significa vida en comunidad, he ahí
la felicidad; cuando se habla de un grupo social, el individuo se organiza,
entonces el buen vivir común es un buen vivir individual. Y la naturaleza nos demuestra
lo grandioso de la simpleza: mar, lagos, ríos, montañas, nevados, climas,
astros, estrellas, soles, plantas, animales también racionales, etc.
Una
persona es feliz y su felicidad la comparte, la irradia; no se condiciona, ni
surge una dependencia emocional. De este apartado se desprende que las personas
y su felicidad, entran en sintonía y al encontrarse alcanzan una felicidad en
doble, la felicidad multiplicada, mejor aún.
En
cuanto al amor. ¿El amor es el principio, es el final? Ninguno y ambos, el amor
es eterno. Eso sí, el amor empieza por uno mismo, en la medida que uno se ama
así mismo amará a otra persona. A la vez, el amor se aprende y se educa, desde
el punto de vista racional; sin embargo, no dejamos de ser instintivos e
impulsivos en cuanto al amar; aun así, la naturaleza confluye en el amar, y no
debería ser tan complicado, pues no lo es. El ser humano exige cuando no se
trata de ello, la vida misma significa otorgar. El amor no se pide, no se
solicita, no se exige; el amor es un obsequio, se brinda sin pedir nada a
cambio. Otra vez, el ser humano lucha por amor, simple; el amor no es luchar;
el amor fluye, se da, por lo que se lucha es por la libertad.
Más
allá de la clasificación del amor: el amor divino, filial, erótico y todo ese
rollo, del buen amor, amor brujo, amor de poeta; el amor es uno y trasciende
sobre todo ello, pero cómo y dónde se logra, pues se cultiva en la familia. Una
familia otorga confianza, seguridad, autoestima. En la familia se aprende amar,
amar a la naturaleza, a los animales, al planeta, al universo, etc.
Ahora,
en la relación de una pareja, el amor como en todo aspecto de la vida va
acompañado del respeto; es decir, la consideración que se tiene de otra
persona. Cierto es que por la alienación y la colonización mental muchos
valores se han perdido, entre ellos el respeto; en la actualidad, ni hay el
respeto por los padres menos lo habrá por la pareja.
A
razón, no se pide amor sincero, pues el amor en sí mismo es sincero, no se
exige amor leal, porque en sí mismo lo es, no se desea amor eterno, pues el
amor siempre lo será. Simple, el amor es. La correspondencia es horizontalidad
e igualdad en una pareja, por eso no se trata de ceder, ni patriarcado, ni
machismo, ni nada.
Algunos dicen que para
amar se debe sufrir, y en rima, sin dolor no hay amor, en fin, nociones del
inconsciente colectivo, que dominan los equívocos de las sociedades. El amor no
es sufrimiento, tampoco es placer; el amor es y fluye como el agua.