Por: Fredy
Yanarico-Apaza.
El Perú no irá, otra vez, al
mundial de fútbol; el Perú fue eliminado, una vez más. El Perú se retira del
campo cuando enfrentaba a la selección Argentina de vóley, etc.
Encabezados como éstos hacen ver
a un país carente de logros y objetivos, pues: ¿Cuándo iremos a un mundial o
cuándo recuperaremos nuestro sitial a nivel deportivo? Preguntas que en antaño
eran sencillas de responder.
Ahora, con el informe del PISA (Programa
de Evaluación Internacional de Estudiantes), por sus siglas en inglés: Program for International
Student Assessment, del año 2012, muestran
evidentes falencias en nuestro sistema educativo, porque el Perú está situado
entre los últimos lugares en Matemáticas, Ciencias y Comprensión Lectora; resultados
nada alentadores para un país que, desde el segundo gobierno de García (Apra),
alardean de su crecimiento económico.
Estos datos constatan el pobre
desarrollo del sector educativo. Y existen diversas causas o factores que
debilitan el proceso educativo para no lograr los objetivos esperados:
políticas educativas (infraestructura, medios, materiales, sistematización,
planificación, etc.), legislación educativa (leyes, normas, reglamentos,
estatutos, etc.), presupuesto para la educación (más materiales, más
implementación, más nutrición, más cantidad en los salarios, etc.), sociología
educativa, psicología educativa, descentralización educativa, inclusión
educativa, etc.
Uno se puede extender y ampliar
en el debate sobre las causas o factores que condicionan el desempeño del
educador o del educando, y de todos los agentes educativos; sin embargo, el
gobierno siempre llega a la conclusión de que son los educadores quienes no
cumplen su labor a cabalidad y, en suma, vienen a ser los responsables de la
“mala educación”. Bueno, los maestros, por inercia, deben pronunciarse en
contra de los gobernantes. En consecuencia, se convierte en un círculo sin
salida y un tema de difícil solución.
La verdad, hubieron bastantes
ensayos como alternativas de solución (comisiones de educación en el congreso,
el Consejo Nacional de Educación y promesas incumplidas por los presidentes de
la nación).
Tal vez, hemos de esperar una
Reforma Educativa, –¿cuándo?– No lo sabemos. Una reforma que plasme los verdaderos
propósitos, objetivos, metas y fines de la educación peruana, que no se pongan
a merced del modelo neoliberal de la educación y que deban responder a los
intereses del país, pues estamos enterados de que los esfuerzos aislados son
borrados por el tiempo o pocas veces salen a relieve.
Desde esta perspectiva sería
idóneo que el gobierno asuma su tarea al igual como la exige de los educadores,
sacudiéndose de la postura genuflexa ante el FMI y el BM. Sería extraño que un
gobierno neoliberal lo hiciese. Entre tanto, hemos de confiar en la labor
apostólica de los verdaderos “maestros” de escuela.
En medio de tanto desaliento, nos
corresponde un cambio de actitud frente a la adversidad, un esfuerzo mancomunado
en vías de enmendar muchos desaciertos. Porque en el pasado tuvimos una
sociedad bien organizada y con iniciativa originaria. Porque, en otrora nuestro
fútbol era de mucha consideración. ¿Cuándo iremos a un mundial? ¿Cuándo
mejoraremos nuestra educación? Un día cualquiera profe. Por ejemplo; mañana,
hay muchas cosas que hacer.