POR: Fredy YanaricoApaza.
La política desde este
lado es una taza de café sin pan.
La política desde este lado alza su voz en contra de la injusticia, el
terror, el hambre, la discriminación, el genocidio, la intolerancia, etc. y
plantea alternativas de solución sustentada en la educación como un proceso de
consecución en todos los niveles de la sociedad, así incrementar el vasto
conocimiento cultural de las naciones y su posterior tecnificación.
La política desde este lado no actúa bajo la común perspectiva de
desconsideración e indiferencia del individuo ante la sociedad, pues la
política desde este lado se yuxtapone a la práctica de valores como el respeto,
la responsabilidad y, de ella, deviene el sub-valor de la puntualidad. La
política no es una apariencia, la política “es”.
La política desde este lado no crea las guerras, ni tampoco invade territorios
con el poderío bélico, como un país plenipotenciario, pero en tiempos de
guerra, extiende los lazos de solidaridad y coopera con la reconstrucción de
las naciones de miles de víctimas, buscando sanar las heridas. Entonces, cuando
termine la guerra habrá mucha comida, y supongo, que seremos amigos otra
vez.
La política desde este lado va más allá de ser un movimiento local, porque
muchas personas poseen los mismos anhelos, sueños y metas en esta vida, en esta
tierra y en otros lugares del mundo. Filosóficamente; no hay diferencias dentro
de la especie humana (ni en religión, pues todas predican lo mismo: “el amor al
prójimo”, ni en economía: todos venden y compran algo, ni en política: que
buscan una organización de la sociedad, ni en las “razas”: ya que en estructura
y esencia el ser humano es lo mismo, etc.). Y al no ser un movimiento local
tampoco busca la apropiación de mentes, ni de territorios, por el contrario,
busca la convivencia pacífica y de bienestar.
La actividad política desde este lado nos invita a imaginar otro mundo y
que ese mundo es posible, un mundo donde las formas de organización sean más
democráticas, teniendo el acceso a los servicios de la salud, educación,
cultura, justicia, etc., un mundo donde la inclusión social no sea un discurso
demagógico; y pragmáticamente, se dé en
un marco de amplitud y flexibilidad social, porque la pluriculturalidad es una
variedad (democrática) que enriquece a la sociedad y no suspende su
desarrollo.
La crisis actual del sistema imperante llama a la reflexión sobre la
situación de la sociedad con sus propias peculiaridades y de las diversas
instituciones estatales o particulares;
frente a este panorama socio-político la ciudadanía no encuentra mayor opción
de participación y, sin embargo, no se abstiene de formar e impulsar
alternativas de organización política, social, económica, bajo el análisis y su
consecuente discusión, para plantear opciones serias donde la ciudadanía
perciba el eco de sus aspiraciones. Es entonces, como las organizaciones culturales,
feministas, barriales, sociales, juveniles, “colectivos”, etc. se consolidan
para hacer escuchar su voz.
La política desde este
lado es un sueño guajiro, porque hasta lo imposible es posible.