By: Fredy
Yanarico Apaza.
Desde épocas
atrás, muchas de las buenas prácticas se han ido disipando; aunque se mantienen
inmanentes al ser humano, éstas no se concentran con nitidez y no se plasman
con mayor facilidad, pues en la actualidad, realizar buenas acciones parece el
resultado de una reflexión sobredimensionada, la cual debería ser una respuesta
automática y sin pensarlo demasiado, o como dice el adagio, para realizar
acciones positivas no correspondería pensarlo dos veces.
No obstante, la
nueva estructura social ubica al individuo como el centro de las relaciones
neo-socioculturales, económicas, políticas, etc. Un proceso donde el bienestar
personal prima sobre el bienestar colectivo, lo cual, tiene su explicación
concorde al sistema mundial de relaciones de producción, por ende, en dichas
condiciones se mantienen formas de pensamiento reñidos con los valores humanos.
Opiniones, concibiéndolos en su sentido negativo, como: “si todo el mundo lo
hace, por qué no has de hacerlo vos”, “si no lo haces vos, otro ha de hacerlo”,
etc. Llegando a conclusiones sin una función social, lo cual, trae un proceso
de facilismo y conformismo, transculturalizados, no por culturas primigenias,
sino por subculturas producidas por el avance de un sistema global atroz, con
pérdidas de identidad, reconocimiento, sensibilidad humana; porque no existe
mayor determinación que el hombre viva por alguien más, y la constancia es cada
humano sobre la tierra. Somos el fruto de un amor como valor universal.
Un humanismo que
vierta un encontrarse con uno mismo, conocer de sí, que es llegar a la
identidad, sólo así, reconocerse en los demás y poseer esa cualidad de ser
humano. ¿Y dónde el hombre se desarrolla? No es más que en el “ayllu” logrando
una identidad cultural, reconociéndose en los miembros de la comunidad
(sociedad) y, solo así, se volverá a la comprensión del ser humano, como diría Whitman “Canto a mí mismo” que
también es un cantarte a ti (y viceversa).
Después de este transcurso viene la evolución (el cambio), un proceso que
amerita asumir un compromiso con la humanidad.
Y estaba en el
camino, cerca de la naturaleza y del cielo,
a cada paso cuando avanzaba todo era sencillo, quienes al frente venían
un saludo o un levantar de mano no faltaba, lo cual era correspondido por aquel
hombre que un día salió a transitar. Personas, animales, aguas, plantas,
lluvias, todo era lo que son y lo que compartían, ya que en el camino se
reconocieron. Hasta algunas mascotas ladraban, no se preocupó, pues era señal
de que avanzaba. Entonces, llegó a un pueblo en medio de la lluvia, por
gentileza de una persona que en su camioneta pudo llevar su movilidad, gracias
a esa persona, que en el camino se reconocieron.